Un retrado de Beethoven junto a uno de sus mechones de pelo.

Un retrado de Beethoven junto a uno de sus mechones de pelo. Wikimedia / Kevin Brown

Salud

Beethoven se quedó sordo por beber vino malo: el ADN de su pelo alumbra el gran misterio de su salud

Un nuevo artículo científico advierte de una proporción muy alta de plomo en dos mechones de pelo atribuidos a Beethoven que aún se conservan.

8 mayo, 2024 02:52

Están a punto de cumplirse los dos siglos desde la muerte de Ludwig van Beethoven (26 de marzo de 1827), pero, a pesar de ello, el genio de la música sigue atrayendo la atención de millones de personas. No sólo por sus inmortales composiciones, sino también debido a la sordera que padeció durante parte de su vida y a su mala salud. Si bien durante siglos las razones de éstas han sido un misterio, la ciencia está permitiendo arrojar luz gracias al estudio de los restos que quedan de él: unos mechones de pelo guardados como objeto de colección.

Un equipo de investigadores ha publicado un artículo en la revista Clinical Chemistry en el que afirma haber encontrado unos niveles inquietantemente altos de plomo en el cabello del compositor alemán. Se utilizaron dos de los mechones que se han confirmado que pertenecían a Beethoven, en uno de ellos se encontró una composición de plomo de 258 microgramos de plomo por cada gramo y, en el otro, 380 microgramos en el mismo peso. Para hacernos una idea, lo normal es no tener más de cuatro microgramos por gramo de pelo.

A pesar de ello, estos niveles de plomo no serían suficientes para haberle provocado la muerte, pero sí se asocian de manera común con las molestias gastrointestinales y la pérdida de audición que se sabe que padecía. Los autores afirman haber usado la fórmula de conversión que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) establecen para estimar a través del dato de plomo en el pelo cuánta proporción debía tener en la sangre: entre 69 y 71 microgramos por cada decilitro de este fluido.

Un vino sospechoso

A pesar de lo llamativo de los datos, los autores del estudio también destacan unos niveles más altos de lo normal de arsénico y mercurio en las muestras. Trece veces más altos que el nivel de referencia en el caso del primer metal y cuatro, en el caso del segundo. ¿Quiere decir esto que alguien pudo envenenar con estos metales al genio de la música? No, los autores apuntan que es más probable que estos valores se deban al consumo abusivo de vino, que era conocido en el caso de Beethoven.

En el siglo XIX, el plomo se podía encontrar con facilidad en las medicinas, los ungüentos y sí, también el vino. "El plomo, en la forma de acetato de plomo, también llamado 'azúcar de plomo', tiene un sabor dulce. En el tiempo de Beethoven se añadía con frecuencia al vino de mala calidad para mejorar su sabor. El vino también se fermentaba en calderas soldadas con plomo, que terminaría filtrándose al tiempo que envejecía el vino", explica The New York Times, que señala que la sal de plomo también se usaba en botellas y corchos para que quedaran mejor sellados.

[Felipe V creía que era una rana y no se cortaba las uñas: la enfermedad del rey más perturbado]

No sólo se ignoraba que este plomo pudiera ser tan peligroso, sino que Beethoven bebía este vino pensando que era saludable. Según el diario estadounidense, el compositor llegó a tomar una botella al día e incluso más al final de su vida. De hecho, esta publicación afirma que sus amigos le daban el vino con cuchara en su lecho de muerte. Beethoven era una persona muy preocupada por su propia salud, fue visitado por muchos médicos y probó decenas de medicamentos que muy probablemente contuvieran también plomo.

Los mechones perdidos

Este estudio ha traído de vuelta la teoría del envenenamiento por plomo como la razón de los problemas de Beethoven, que había sido descartada el año pasado. Anteriormente, se había encontrado plomo en un mechón que se decía que el discípulo del compositor, Ferdinand Hiller, había obtenido de éste en su lecho de muerte. Sin embargo, tras analizarlo se descubrió que, en realidad, pertenecía a una mujer y, por esta razón, los hallazgos encontrados en él fueron descartados. 

Los científicos habían llegado a estudiar hasta ocho mechones que se asociaban con Beethoven, pero al final sólo cinco demostraron proceder de la misma persona. Dos de este selecto grupo son los que se han utilizado para este último estudio, conocidos como los mechones Bermann y Halm-Thayer. "En la época de Beethoven, era habitual coleccionar mechones de personas famosas o seres queridos. Decenas de mechones atribuidos a Beethoven se conservan en colecciones públicas y privadas", explica Robert Attenborough, de la Universidad Nacional Australiana.

Attenborough participó en el estudio que, precisamente, consiguió determinar que esos cinco mechones eran realmente de Beethoven. Este estudio se publicó en Current Biology el año pasado y su propósito también fue determinar el origen de los males del compositor, su sordera progresiva y sus molestias debilitantes de abdomen con episodios de diarrea. El abordaje, en este caso, fue genético y descubrieron que tenía una predisposición a las enfermedades hepáticas. También encontraron que había sido infectado con el virus hepatitis B.

El final del genio

Los autores de dicho artículo concluyeron que, aunque no es posible determinar de qué murió Beethoven, el hecho de que estuviera predispuesto a la enfermedad hepática, que padecía hepatitis B y que abusara del alcohol apunta a que debió fallecer por una cirrosis. Sin embargo, el estudio que ahora se ha publicado advierte que esa no podía ser la causa de la sordera, ni de las molestias gastrointestinales. Por eso, apuntan a que el plomo pudo ser la razón de ellos, de los malestares que sufrió a lo largo de su vida, pero no el hecho determinante que terminó con su vida.

"Pensamos que esta es una importante pieza de un complejo puzzle y que permitirá a los historiadores, médicos y científicos entender mejor la historia médica del gran compositor", señalan los autores del estudio publicado en Clinical Chemistry.